El suicidio adolescente es una de las principales preocupaciones en salud pública, y su prevención comienza por identificar a tiempo las señales de alerta y ofrecer recursos de apoyo adecuados. En Hari diseñamos talleres socioeducativos y programas de formación para familias que combinan estrategias de salud mental adolescente, intervención en adicción en jóvenes y acompañamiento comunitario para salvar vidas y promover el bienestar emocional.
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Señales de alerta en adolescentes
Detectar cambios significativos en el comportamiento de un joven puede marcar la diferencia. Presta atención a:
- Aislamiento social o abandono repentino de amigos y actividades escolares.
- Cambios drásticos en el humor: irritabilidad intensa, llanto frecuente o apatía prolongada.
- Comentarios sobre la muerte o expresiones de sentirse “una carga” o “sin salida”.
- Riesgos o conductas autodestructivas: cortes, quemaduras, consumo excesivo de sustancias (adicción en jóvenes).
- Baja autoestima persistente y frases como “nadie me entiende” o “no valgo nada”.
- Regalos o despedidas inesperadas, como repartir objetos personales.
Identificar estas señales no criminaliza al adolescente: es una oportunidad para tender un puente de escucha y contención.
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Estrategias y recursos de prevención
Intervención temprana en talleres socioeducativos
Sesiones grupales donde se trabajan habilidades de autorregulación y corregulación emocional.
Dinámicas de role-playing para ensayar peticiones de ayuda y prácticas de escucha activa.
Módulos específicos sobre gestión de crisis emocionales y planificación de seguridad.
Formación para familias y educadores
Cursos prácticos para madres, padres y docentes: reconocer señales de riesgo, comunicarse sin juzgar y derivar eficazmente.
Protocolos de actuación ante conductas suicidas: del primer aviso al acompañamiento en red.
Espacios de apoyo mutuo para familiares, reduciendo el estigma y el dolor asociado al miedo de “hacerlo mal”.
Acompañamiento profesional y derivación
Psicoterapia individual con especialistas en salud mental adolescente y prevención de conductas autolesivas.
Coordinación con servicios de emergencia y centros de día cuando sea necesario.
Seguimiento intersesión vía mensajería segura, reforzando el compromiso y la continuidad terapéutica.
El suicidio adolescente refleja un fallo colectivo en brindar contención y esperanza a los jóvenes. Sus causas principales son:
- Presión social y académica: La comparación constante en redes y la exigencia de excelencia generan un estrés difícil de manejar.
- Aislamiento y ciberacoso: Muchos se sienten solos incluso “conectados”, sin redes de apoyo donde expresar sus miedos.
- Estigma de la salud mental: Tabúes y falta de recursos impiden buscar ayuda temprana.
- Responsabilidad institucional: Escuelas, sanidad y gobierno deben colaborar en detección, protocolos de intervención y campañas de desestigmatización.
- Papel de familia y comunidad: Escuchar sin juzgar, vigilar cambios de conducta, mostrar afecto y acompañar a buscar ayuda profesional.
Sólo abordándolo como un problema social e implementando redes más empáticas podremos evitar que la desesperación lleve a decisiones irreparables.
Fundación Emocional
Adicción en jóvenes y riesgo suicida
Las adicciones (pantallas, sustancias, conductas de riesgo) pueden actuar como catalizadores del malestar profundo:
- Aumento de impulsividad y disminución del autocontrol.
- Mayor aislamiento social y deterioro de vínculos protectores.
- Brecha entre expectativa y realidad, generando desesperanza.
En nuestros talleres psicoeducativos, integramos módulos sobre prevención de adicciones —tanto tecnológicas como de sustancias— para que los jóvenes comprendan el vínculo entre dependencia y riesgo suicida, y desarrollen alternativas saludables de afrontamiento.


El enfoque Hari para salvar vidas
Perspectiva integral: combinamos técnicas cognitivo-conductuales, mindfulness y perspectiva de género para abordar el suicidio desde todas sus aristas.
Espacios seguros diferenciados: grupos de adolescentes —por edad y contexto— y de familias, cada uno con dinámicas adaptadas.
Planes de seguridad personalizados: cada joven diseña con su terapeuta un “plan de rescate” con señales internas, personas de confianza y pasos concretos a seguir.
Red de corresponsabilidad: activamos la corregulación entre iguales y el apoyo de familias formadas en nuestros talleres, generando un ecosistema protector.
¿Cómo actuar si hay sospechas?
Activa tu red: informa a otro adulto de confianza y, si existe riesgo inmediato, llama a emergencias.
Habla sin miedo: “He notado que… ¿cómo te sientes?”
Escucha y valida: evita minimizar o racionalizar; “entiendo que estés agobiado/a”.
Deriva con cuidado: ofrece acompañamiento para contactar a un profesional.
